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CONTUNDENTE: Carta abierta de Fabiola Colmenares a Roque Valero

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La actriz venezolana Fabiola Colmenares, quien además fue candidata a la alcaldía de Vargas, escribió una carta abierta a su excompañero de reparto en la telenovela “Cosita Rica” y considerado su amigo, Roque Valero.

A continuación, la carta, no pierdan detalle:

Roque, desde mis lamentos te escribo esta carta pública porque, en medio de la vergüenza y el dolor que vivimos en estos momentos, me alarman cada vez más tus ligeras declaraciones.

No voy a cuestionar públicamente tu esnobismo oficialista, ya lo hice en privado y aunque no me quedo claro, respeté con asombro la novedad de tu tendencia. Recuerdo haberte dicho con risa que tu nueva postura era como la de alguien que habiendo sido toda la vida aficionado del Real Madrid, de un día para otro se hizo aficionado del Barsa porque Messi falleció. En fin, eso es anécdota.

Roque, puedo entender que de pronto te apasionó la política, a mí me paso. Pero no puedo entender que exista alguna pasión que trastoque e incluso suprima valores trascendentales. Eso es lo que leo y oigo cada vez más a diario en tus epidérmicas declaraciones.

Tu último ataque a tu gran amigo Leonardo Padrón, llamándolo tarifado y todo los demás, me género un estupor insuperable. Tu nueva tendencia te suprimió de golpe y porrazo el valor de la amistad. Y no me salgas con que el otro dice cosas peores que tú, esas carajitadas tan poco varoniles me son carentes de sentido común.

El que Leonardo y tú ya no sean amigos no es lo que me alarma, sino que la vestimenta roja, esa que usas tímidamente, te haya expropiado la nobleza de ser agradecido. Y no me refiero a lo que eres, eso se lo debes a tu talento, así es y así será. Pero lamentablemente para tu memoria, la mía es de elefante.

Recuerdo ver una noche el capítulo de Cosita Rica y en una escena de Patria Mía con Aroldo Betancourt, sonó de fondo una canción hermosa que, después de que te encontré en el muro de los lamentos de VV, me dijiste que era tuya. Me reí, no te creí, no sabía que cantabas y menos que componías. Con la humildad que te caracterizaba, te sonrojaste y me dijiste que un pana te hizo el favor de meterla en la novela. Me obsesioné como siempre, con las cosas en las que creo. Y te pedí el CD de tu música. Torturé, fastidié, argumenté, justifiqué sin cansancio a Leonardo para que tu canción; “Nuestra Historia”, fuese la canción de Paula C y Diego. Sabía lo que eso significaría para ti y tu carrera. Creía en ti ciegamente.

Tampoco fue que Leonardo se sacrificó al concederme el antojo. Él también creía en ti y en tu talento. Pero hacerlo significaba darle un giro a tu personaje. Me acuerdo que me decía: “¿cómo justifico que Cachito canta?, ¿cómo es que un malandro tiene ese talento y no lo había usado en positivo?”. En fin, Leonardo se encargó, con su brutal y aplastante talento, de darle forma a tus sueños, a tu talento, a lo que vino después en tu carrera. Te convertiste en el tipo del momento, tu canción estaba en todas las radios, empezaste a brillar con la luz que merecías después de tantos sacrificios. Después de tanto que tú y yo sabemos.

En resumen, me parece grave que hayas lanzado gases lacrimógenos sobre hechos que deberías llevar tatuados en la memoria. Te has dedicado a lanzar perdigones de injusticia contra los que pensamos diferente a tu gobierno. A planazo limpio, sin piedad y sin vergüenza, mataste al Roque que conocí. A ese Roque profundo, inteligente, noble, honesto, sincero, puro, amigo incuestionable y solidario infinito.

Me apeno profundamente de tener tan poco o nada en común contigo. Es la desfiguración más cruel de la amistad. Te me convertiste en una imagen borrosa, eres un cuadro abstracto, te desdibujaste, no sé dónde empiezas ni donde terminas.
No me interesa hablar de política contigo, no quiero siquiera imaginarte esbozar un argumento pendejo que justifique la crueldad de los colectivos a los estudiantes, no quiero oírte decir que el dolor de tu esposa es más fuerte que el de la madre de Génesis o el de la madre de cualquiera de los estudiantes caídos, y muchísimo menos puedo oírte decir que no sabes sí hay escasez.

Ya no te oigo, ya no te leo, ya no te veo, te apago. Lamentablemente este último perdigonazo de deslealtad se me cruzó inoportunamente en algún TL de alguien que no tenía ni idea que lo leería, que no tiene idea que te quería. Y que reaccionaría. 

Por el camino que vas NADA VA A SALIR BIEN, no existe LA CIUDAD BENDITA, la gente que defiendes la destruyó. NO VENGAS a contar conmigo. No estoy. Soy PASAJERO en TRÁNSITO, es lo mejor que uno puede hacer en tu vida. Irse.

La Patilla

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